En las Sociedades Abiertas la Libertad de Expresión es la expresión de la Libertad: Je suis Charlie

Randall Arias S.
Director Ejecutivo FUNPADEM

El Presidente Francés, François Hollande, a propósito de la masacre contra la Revista Satírica “Charlie Hedbo”, resumió extraordinariamente el corazón del ataque del fanatismo religioso, en este caso Islamista: la Libertad de Expresión es la expresión de la Libertad. Y proclamó: La Libertad es más fuerte que la Barbarie.

El mundo libre se enfrenta hoy a una gran amenaza terrorista, ahora articulada a partir de una lectura radical y fundamentalista de la religión, que pone sobre la palestra los principios fundamentales de las Democracias Occidentales, y, más aún, de las sociedades abiertas.

Vemos cómo en Europa estos atentados sistemáticos generan reacciones de todo tipo, desde el natural repudio generalizado hasta las más viscerales de grupos xenófobos que cuestionan el modelo de apertura a las personas que caracteriza a las sociedades libres. Es creciente el apoyo a Pegida en Alemania y al Frente Nacional en Francia, así como a Wilders en Holanda, el Partido del Progreso Noruego, la Unión Democrática de Centro en Suiza, Jobbik en Hungría, el Partido Popular Danés, Amanecer Dorado en Grecia, o Verdaderos Finlandeses y similares en el resto de Europa.

Estos partidos aprovechan una plataforma nacional populista de situaciones como ésta para explotar su visión de un mundo cerrado, homogéneo culturalmente. Estas visiones del mundo no toleran la diversidad, especialmente el pensamiento diferente, siendo la forma más fácil de explotación las prácticas y cosmovisiones religiosas (islamofobia).

En este contexto, el ataque a Charlie Hedbo conlleva un giro dramático en la lucha del terrorismo contra las Sociedades Abiertas, ya que ataca el que probablemente sea su pilar fundamental: la Libertad de Expresión. Desde la Ilustración, la paulatina construcción democrática se ha basado en la libre expresión de las ideas, precisamente en contra de la visión impuesta por la religión, en aquél momento de la Católica en Europa.

Esta Libertad de Pensamiento se convierte luego en movimientos revolucionarios tanto en Francia (Libertad, Igualdad y Fraternidad) como en los Estados Unidos de América. Y aquí el orden de los valores símbolos de la Revolución Francesa tenían todo el sentido: primero la Libertad y luego la Igualdad. Esa es, en Democracia, la principal lucha por dar, el respeto absoluto de la Libertad. Y, por supuesto, al ejercer esta Libertad, asumiendo las responsabilidades, pero en el marco del respeto a la vida y el Estado de Derecho.

Lamentablemente algunos sectores se cuestionan o incluso justifican, tácitamente, el ataque salvaje contra Charlie Hebdo, argumentando que su irreverencia provocó al fanatismo religioso. Y esto es aún más grave que el aprovechamiento nacional-populista de los grupos xenófobos y racistas, por cuanto significa justificar la violencia y la barbarie por la manifestación de ideas diferentes.

La Libertad de Expresión conlleva tolerar incluso la sátira más lacerante, aún de las creencias religiosas que alguien pueda considerar profundamente sagradas. Esto no implica que quien así se exprese no asuma las responsabilidades que jurídicamente correspondan, como puede ser enfrentar demandas penales y civiles por los daños morales que pueda causarle. Pero estas son consecuencias en el orden legal, social o comercial, no por las vías de hecho o por la vía de la censura.

En una sociedad democrática quienes se sientan ofendidos por la manifestación de una idea, en este caso vertida por un medio de comunicación, pueden y tienen el pleno derecho de atacarlo, pero por las vías civilizadas. Puede demandarlos si considera que tiene elementos jurídicos para demostrar un daño moral, puede atacarlos igualmente en el plano de las ideas, o puede movilizar a la opinión pública para no comprar su producto, boicoteando su mercado.

Pero es obvio que nadie tiene derecho a amenazar o atentar contra la integridad de las personas por manifestar sus ideas, por irreverentes que éstas sean. La sátira irreverente está implícitamente contenida en la Libertad de Expresión, por lo cual, tanto los practicantes religiosos como los Políticos y las autoridades públicas en general, tienen que convivir pacíficamente en medio del disenso y de profundas diferencias, por dolorosas que puedan ser en el fuero interno.

Los valores que han fundado y destacado a las Democracias están hoy en riesgo, ahora por el fanatismo religioso, ayer por el autoritarismo político, y mañana por cualquier otra práctica antidemocrática que no tolera el disenso, la diferencia y la expresión de ideas contrarias a las propias.

El ataque bárbaro contra la Revista Charlie Hebdo nos obliga a reflexionar, una vez más, acerca de los fundamentos de las Sociedades Abiertas, cuyos pilares debemos defender siempre y en cualquier circunstancia. Tan siquiera dudar de ellas es poner en riesgo el corazón de la Democracia. Y eso, precisamente, es lo que está logrando hoy el Fundamentalismo Religioso.

Las personas demócratas de verdad en cualquier lado del mundo, estamos hoy más que nunca llamadas a reflexionar acerca de las consecuencias para la sostenibilidad de nuestros modelos de vida y de sociedad, para lo cual es cada vez más relevante tener presente el espíritu Ilustrado de Voltaire: “Detesto lo que escribes, pero daría mi vida para que pudieras seguir escribiéndolo.”

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