Emprendiendo desde Centroamérica: Estrategia para disminuir el crimen organizado

Por Hazel Villalobos
Coordinadora del Proyecto
Empleabilidad Juvenil en la Zona Norte de Costa Rica
FUNPADEM

Uno de los principales retos para los países centroamericanos es la creación de nuevos empleos que permiten impulsar el desarrollo de estas pequeñas economías. Desdichadamente, esta se ha tornado tarea difícil para los gobiernos de la región, más allá de la estimulación de la economía por medio de la implementación de políticas públicas económicas, cuyos impactos, muchas veces, solo quedan escritos en el papel; se necesita un verdadero cambio de cultura no sólo en quienes nos gobiernan sino también en la ciudadanía.

Emprender para cualquier persona en Centroamérica es difícil, pero hay un grupo poblacional que enfrenta retos aún más difíciles: los jóvenes; y principalmente si conviven en lugares de menor desarrollo como son las zonas fronterizas. No es un secreto, que las zonas fronterizas en América Central son “tierras de nadie” donde el crimen organizado ha incursionado exitosamente conformando redes para el narcotráfico, la trata de personas y el tráfico de armas ilegales.

Según el último informe del Estado de la Región (2011) en Centroamérica hay cerca de 9 millones de jóvenes de 15 a 24 años, del 23% no estudian ni trabajan y 36% aunque tampoco estudian, trabajan pero en condiciones precarias, se ocupan en sectores de baja productividad y en trabajos informales sin seguridad social. Es decir, se trata de una problemática que trasciende la condición de jóvenes “Nini” y evidencia un grave proceso de rezago y exclusión social.

Particularmente en las zonas fronterizas, las oportunidades de acceso a un empleo decente y el acceso a una educación superior son muy escasas –o casi nulas-. Más allá de encontrar jóvenes “ninis” (ni trabajan ni estudian) encontramos jóvenes “sinsin” (sin oportunidad de acceder a un empleo y sin oportunidad de acceder a un trabajo). Jóvenes que han sido excluidos de la dinámica económica y educativa de los países, debido a que los gobiernos centrales tienen una limitada capacidad para coadyuvar a la generación de empleo y educación en estas zonas. Según el Proyecto Estado de la Región para su Quinto Informe 2015 (E&N, 2014) se evidencia que la “mayoría de jóvenes excluidos se trata de población rural, mujeres que no estudian ni trabajan por sus obligaciones en el hogar y hombres que abandonaron sus estudios por trabajos precarios y de baja calidad. Asimismo, los jóvenes con edades entre los 18 y 24 años, quienes están casados o unidos, son los que enfrentan un mayor riesgo y vulnerabilidad de estar socialmente excluidos”.

La solución a este problema social va más allá de acciones de prevención primaria y/o secundaria. Se deben plantear soluciones que reviertan el círculo de la pobreza y la violencia; y es aquí donde el emprendurismo se puede convertir en una estrategia contundente para disminuir el impacto del crimen organizado en estas zonas. Se debe de pasar de un modelo de desarrollo basado en la generación de empleo a un modelo de desarrollo basado en la generación de riqueza, a partir de la promoción de una cultura de emprendimientos principalmente enfocado en la juventud y en las mujeres.

La educación como principal herramienta de cambio

Los sistemas educativos de la región deben de trascender la educación basada en la generación del “mejor empleado del mes” a la generación de verdaderos emprendedores. Desde la educación primaria se debe de fomentar la inclusión en el diseño curricular del espíritu emprendedor, el liderazgo, la creatividad, las habilidades para el trabajo en equipo, la tolerancia a la frustración, la proactividad, etc. En la educación secundaria es necesario fomentar temáticas como la educación financiera, el mercadeo, las habilidades para la comercialización, etc.; las cuales permitan la generación de emprendedores y emprendedoras.

Mejor y mayor acceso a los recursos financieros

El tema del acceso a recursos económicos parece ser el principal obstáculo que enfrentan las personas jóvenes emprendedoras. La banca ofrece financiamiento para las micro y pequeñas empresas, sin embargo la gran cantidad de requisitos y lo extenso del proceso desalientan y frustra a quienes buscan acceder a estos fondos. Además, la mayoría de estas personas jóvenes son calificadas como “riesgo de inversión”, ya que no tienen el ingreso económico mínimo que solicitan los bancos (obviamente, ya que la mayoría de personas que emprenden lo hacen por necesidad no por pasatiempo)

Asimismo, los países que cuentan con una política pública de apoyo a la micro y mediana empresa y han creado instituciones que fomentan el desarrollo de emprendurismo poseen largos y burocráticos procesos, y la gran cantidad de requisitos que exigen las hace casi imposibles de acceder. Muchas de estas instituciones en realidad cierran las puertas y no dan asesorías a las personas emprendedoras. Aunado a lo anterior, muchos de estos fondos tienen requisitos adicionales, como instituciones que solo financian a cierto sector de la población o a un específico sector económico.

Un escaso porcentaje de personas emprendedoras que acceden a estos apoyos sobreviven menos de un año, ya que la ayuda en muchos casos es de apenas de 3 a 6 meses; registrándose una gran cantidad de mortalidad de microempresas en los primeros 3 años de vida.

Cambio en el accionar de los gobiernos

El cambio de enfoque de las políticas públicas que ayudan a fomentar la cultura emprendedora es necesaria, principalmente para jóvenes y mujeres. El gobierno central debe de entender que existen poblaciones que han sido excluidas de estas políticas, las cuales parece que solo son accesibles para la clase media con conocimientos de educación superior. Herramientas tecnológicas e innovadoras no funcionan para todas las personas emprendedoras, hay jóvenes y mujeres de zonas rurales quienes no tienen la oportunidad de acceder a estos recursos tecnológicos. Muchas de estas políticas de “ayuda a emprendedores” solamente promueven la exclusión, por lo que es necesaria la generación de políticas integrales en esta temática.

Es ineludible establecer una cultura emprendedora y estimular la creación de empleos a través de estos emprendimientos, ya que sería la mejor forma de prevenir que nuestros jóvenes y mujeres se involucren en el círculo del crimen organizado. Muchas de estas microempresas se pueden convertir a mediano y largo plazo en generadoras de empleo para la región. ¡Centroamérica necesita emprender!

Bibliografía consultada:

E&N (Junio 2014) Centroamérica: 5 de 9 millones de jóvenes están excluidos. Consultado en: http://www.estrategiaynegocios.net/lasclavesdeldia/715879-330/centroam%C3%A9rica-5-de-9-millones-de-j%C3%B3venes-est%C3%A1n-excluidos

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