Previniendo el crimen a través de la educación

Daniela Brenes Araya
Pasante FUNPADEM

Hazel Villalobos Fonseca
Coordinadora de Asuntos Técnicos FUNPADEM

Actualmente, una de las principales preocupaciones en América Latina y el Caribe son sus altos niveles de crimen y violencia, posicionando a la región como una de las más violentas a nivel mundial. Muchos gobiernos de la región han reaccionado ante tal situación, ejecutando políticas de “mano dura” sin obtener buenos resultados. Sin embargo, la mejor forma de disminuir los altos índices de criminalidad y violencia es apostando a la prevención. La disminución de los factores de riesgo de las poblaciones en condiciones vulnerables, a través del acceso a educación y generación de oportunidades económicas son las principales estrategias para prevenir el delito y la violencia.

La educación es un factor protector, aumenta las oportunidades de obtener empleo y salarios legítimos disuadiendo a las personas de involucrarse en actividades delictivas. Esto por el atractivo financiero que estas representan –y, en algunos casos, siendo estas la única forma de obtener recursos económicos para subsistir-. Según Jaitman (2015), lo anterior se enmarca en la racionalidad que poseen los criminales, de acuerdo con la teoría económica del crimen, bajo el supuesto de que estos buscan maximizar sus beneficios ecónomicos.

Por otra parte, el costo de oportunidad de ser llevado a prisión es mayor para personas que cuentan con una educación que les permita ganar altos salarios, puesto que los saca del mercado laboral por un tiempo y les coloca un estigma social que al momento de salir les dificulta la obtención de un buen empleo.

La educación como estrategia de prevención, no se reduce únicamente a los años que las personas permanecen o no en centros educativos, sino que se trata además de un asunto de calidad en la educación. Lamentablemente, América Latina y el Caribe, si bien cuenta con niveles relativamente altos en cuanto a la matrícula escolar, 93% para el año 2012 en primaria y 73% en secundaria (Galiani &Jaitman, 2014), posee grandes deficiencias en cuanto a la calidad de dicha educación.

Hay países de la región, como Guatemala, donde la población urbana joven entre 25-34 años tiene tasas de alfabetismo de hasta el 8.5. Si a lo anterior se le suman las dificultades de los gobiernos de la región para generar oportunidades de empleo decente, se obtiene un gran porcentaje de la población joven con altas posibilidades de incurrir en dinámicas contrarias a la Ley. Un ejemplo es el Centro Penal Espíritu Santo, Brasil, donde el 82% de los jóvenes que se encontraban en correccionales para el año 2013 no habían terminado el ciclo de educación básica (Jaitman, 2015).

Buenas Prácticas en la región

El Salvador, el país con la mayor tasa de homicidios dolosos en el mundo, posee una población joven del 61% de la población total. Con respecto al nivel educativo de la población joven, solamente el 30% han finalizado sus estudios de bachillerato universitario y el 37% la educación secundaria (InterPeace, 2013). Además, posee una tasa de desempleo del 6.3 (2013), lo que agrava el acceso a oportunidades de la población joven. Lo anterior, se traduce en un gran porcentaje de personas jóvenes involucradas en grupos criminales donde encuentran el sustento diario. El Estado salvadoreño ha identificado la importancia de que los niños (as) y personas jóvenes permanezcan en los centros educativos, para lo cual implementa el programa “Parques de Convivencia e Inserción Laboral y Económica”. Por medio de este programa se pretende llevar a la población vulnerable a actividades de buen uso de su tiempo libre y talleres de prevención de la violencia.

Brasil ha lanzado el Plan “Estado Presente” que se traduce en inversión pública para la construcción de nuevas escuelas y una modernización curricular que ofrece a los menores de edad una serie de actividades lúdicas y deportivas a fin de mantenerlos alejados de la delincuencia.

La población joven de la región es la que actualmente paga el precio de las políticas fallidas de los Estados. Es urgente que nuestros países vuelvan su mirada a la población joven. Necesitamos más centros educativos y menos centros penales, necesitamos más prevención y menos represión.

Referencias bibliográficas

Galiani, S. & Jaitman, L. (2014) Más y mejor educación también pueden contribuir a la reducción del crimen. Recuperado el día 14 de abril de 2015 del sitio web: http://focoeconomico.org/2014/12/07/mas-y-mejor-educacion-tambien-pueden-contribuir-a-la-reduccion-del-crimen/

Jaitman, L. (2015). ¿Qué tan claro es el vínculo entre educación y crimen? Recuperado el día 14 de abril de 2015 del sitio web: http://blogs.iadb.org/sinmiedos/2015/03/31/que-tan-claro-es-el-vinculo-entre-educacion-y-crimen/

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