La amenaza del Populismo a la Democracia

Randall Arias S.
Director Ejecutivo
FUNPADEM

Durante esta semana estaremos publicando el artículo “La amenaza del Populismo a la Democracia” escrito por el Director Ejecutivo de FUNPADEM, Randall Arias. Este artículo se compone de tres partes, las cuales se estarán publicando en este blog durante toda semana. Los invitamos a seguirnos y a aplicar estas reflexiones a sus respectivos países y cualquier Gobierno en concreto. Además, los invitamos a compartir sus resultados al correo electrónico rarias@funpadem.org

Parte I

Tristemente, América Latina tiene pocas contribuciones al desarrollo de las ideas políticas y, en general, a la Teoría Política Democrática. Pero sí aporta un fenómeno muy particular y endógeno: el Populismo. Desde la primera mitad del siglo anterior, especialmente impulsado por el Peronismo en Argentina, nuestra región ha desarrollado, a veces de forma espontánea, a veces de forma sistemática y articulada; movimientos políticos típicamente populistas, cuya contribución a la Democracia real es negativa, aunque sí alimenta abundantes páginas de análisis político y de política comparada.

Para algunos el Populismo es una herencia directa del caudillismo latinoamericano desde antes de los procesos de independencia, siendo, más que un rasgo de sus dinámicas políticas pre-democráticas, un rasgo de cultura política latinoamericana. Nuestra región presenta a la largo de su historia excesivos capítulos de liderazgos mesiánicos, no siempre (por no decir que casi nunca), afines al espíritu democrático – republicano y, por ello, constituyéndose normalmente en una amenaza para el surgimiento, la estabilidad y la consolidación democrática.

El Populismo se caracteriza, usualmente, por la utilización de recursos retóricos de apelación al pueblo, así como la justificación de decisiones y acciones políticas amparadas en el amorfo pero siempre útil concepto de “Pueblo”, un ente claramente indeterminado y en sí mismo carente de contenido, especialmente en sociedades tan diversas como las nuestras, donde conviven un crisol de identidades y culturas, a veces en contradicción unas con otras.

El Populismo recurre a la apelación al pueblo (falacia de argumento ad populum o sofisma populista), lo cual es, finalmente, un recurso de manipulación emocional por parte de caudillos políticos con respecto a sus seguidores, con el propósito final de adquirir el poder, usufructuar de él, y en muchos casos perpetuarse en él. Así, en nombre del pueblo se han cometido atrocidades, se han perpetuado políticos en el poder, se ha beneficiado a grupos políticos y económicos, promoviendo en general, que unos pocos se aprovechen del poder en detrimento de las mismas mayorías que dicen beneficiar.

El populismo ha demostrado a lo largo del tiempo una extraordinaria capacidad de adaptación y desarrollo, tomando diferentes “formas” en virtud de profundas necesidades emocionales de sus respectivos pueblos, muchas de ellas coyunturales y otras históricas. Por ello, el populismo ha estado típicamente vinculado a muy diversos nacionalismos, que van desde los enfocados en nuestros orígenes indígenas, hasta las formas económicas más recientes y frecuentes de protección de la “producción nacional”.

Nada mueve más y mejor los sentimientos populares que la apelación a “lo nacional” versus lo extranjero. Por ello, una herramienta preferida de los populistas consiste en la creación de enemigos externos, usualmente enemigos del pueblo, haciendo creer a la población que el país y/o él (usualmente se identifican y asimilan) están bajo permanente ataque de “factores externos” normalmente indeterminados o al menos nunca demostrados, con una clara preferencia por el Gobierno de los Estados Unidos (y en general de los países “ricos”) y su “plan” de dominación capitalista a nivel mundial.

El populismo es aún más versátil y dinámico al tomar formas siempre diversas, como por ejemplo el uso de elementos religiosos. Por eso no es de extrañar que los líderes populistas hagan permanente referencia y uso de símbolos y planteamientos religiosos, usualmente católicos por ser aún mayoría, sabiendo que de esta forma sus acciones tienen mayor acogida y “legitimidad” popular. Aquí encontramos múltiples estilos, como por ejemplo el uso de símbolos religiosos en sus oficinas o en su vestimenta, o discursos de fuerte contenido religioso, así como participación en actos religiosos masivos y de profundo arraigo popular.

El populismo conlleva en sí mismo la manipulación emocional de las personas, diciéndoles y/u ofreciéndoles lo que desean escuchar y no lo que es mejor para el bienestar general. El populismo promueve que sus líderes eviten o del todo no enfrenten los verdaderos problemas de la población, generando un efecto placebo sobre las personas, que sienten atendidas sus necesidades emocionales, desatendiendo las materiales.

Así suele operar, finalmente, el Populismo: miente a las personas para tomar un rumbo equivocado que solo beneficia a unos pocos (los privilegiados de los líderes populistas) en el corto y mediano plazo, pero que, en el largo plazo, termina afectando a toda la población, especialmente, y de forma ingrata, a las personas más pobres.

Lo paradójico es que el Populismo siempre pone en primer lugar de sus discursos a las personas pobres, cuando en la realidad, en el mediano y el largo plazo, son ellas las que terminan pagando los mayores costos de ese actuar populista.

No se pierde mañana, la segunda parte del blog “¿De qué manera afecta el populismo a la Democracia?

P.D.1: El uso excesivo de las comillas se debe a la perversión de las palabras que hace el Populismo. En él, las palabras se vacían de contenido para efectos de manipulación, por lo que las comillas aquí se utilizan para evidenciar el “uso” que hacen de estos conceptos, indicando que solamente un uso retórico y no literal. Lamentablemente, así se debe leer y analizar el Populismo! 

P.D.2: Les invito a aplicar estas reflexiones a sus respectivos países y cualquier Gobierno en concreto. Y le invito cordialmente a compartir sus resultados a rarias@funpadem.org


¿De qué manera afecta el populismo a la Democracia?

El Populismo tiene como consecuencia directa inmediata, la banalización del debate público, ya que los políticos populistas inhiben, a toda costa, la deliberación pausada, sensata y racional de los temas públicos, ya que sus pseudoargumentos no soportarán la prueba ácida de la lógica y la razón. Si alguien osa cuestionar al populista, inmediatamente es calificado de traidor a la Patria, a los más altos valores del pueblo, porque responde a intereses ocultos o perversos, usualmente internacionales (según el enemigo externo de turno).

Así, pasamos de la falacia ad populum como recurso demagógico del Populismo, a la falacia ad hominen, cuyas consecuencias son aún más peligrosas, por cuanto descalifican y atacan directamente a personas, conviertiéndolas en “enemigas del pueblo”.

Además de empobrecer y vulgarizar el debate público, el Populismo supone, necesariamente, la vulneración del Estado de Derecho, ya que los liderazgos populistas se consideran más allá del bien y del mal, se sienten iluminados y autorizados para cumplir sus propósitos, para lo cual se consideran “legitimados” para inobservar, flexibilizar o adecuar el marco jurídico e institucional, usualmente “hecho en contra del Pueblo”, para así lograr los superiores propósitos de La Nación.

Luego de esto, el Populismo ataca también las finanzas públicas. Requiere de siempre insuficientes recursos públicos para atender las necesidades populares. Y como su discurso se basa en las personas pobres, entonces nadie puede estar en contra de ello, so pena de ser calificado de inhumano, ingrato, falto de solidaridad y, muy probablemente, de “neoliberal de derecha”. Y así también afecta la transparencia que debe orientar la gestión pública, especialmente su manejo financiero, ya que cualquier intento de publicidad del uso de los recursos públicos, será fieramente atacado como un ataque al “proyecto social”, normalmente articulado con fuerzas internacionales y sus traidores aliados nacionales (usualmente “empresarios” y algún sector de la prensa “conservadora” – antiprogresista-).

Y cuando, finalmente, el Populismo da sus frutos lógicos de déficit fiscal, violación recurrente del Estado de Derecho, limitación de derechos, corporativización y concentración del poder político y económico en ciertos grupos privilegiados, aparecen la desazón, la desconfianza, la frustración, el desencanto y la deslegitimación democrática.

Cuando “el pueblo” se da cuenta que los beneficios prometidos por el Populismo no llegan en general, o solo llega para algunos cercanos al poder y se aleja de las mayorías, especialmente pobres, se gesta un creciente descontento popular, que presiona a la Política Populista. La cual, en primer lugar, en lugar de corregirse, más bien se radicaliza. Ofrece aún más de lo que sabe no se puede lograr. Encuentra cada vez más puntuales enemigos externos (tanto fuera de su grupo de apoyo como a nivel internacional), crea teorías de la conspiración bajo el argumento de la defensa de la “soberanía nacional”, exige más recursos públicos por medio de nuevos impuestos porque antes “se los robaron” ya que siempre serán insuficientes, y violenta cada vez más el Estado de Derecho, limitando cada vez más derechos y libertades (acceso a divisas, a mercados externos, al crédito, y hasta a sus propios fondos por medio de “corralitos”).

Cuando estas nuevas políticas radicales “de sacrificio popular” para cumplir el propósito populista de “bienestar general” fracasan como consecuencia lógica, la insatisfacción general es aún mayor, ya que se evidencia el deterioro de los indicadores económicos y sociales, así como las consecuencias ya muy directas y visibles en el quehacer cotidiano: desempleo, inflación, escasez de bienes, usualmente de consumo básico, y, en general, una afectación primero a la actividad económica y luego a la economía familiar.

Y como ya el Populismo probablemente ha afectado in extremis la base económica de generación de riqueza y no puede obtener nuevos recursos públicos, pierde capacidad de manipulación, de “compra de conciencias”, de utilizar las políticas sociales de subsidios y transferencias para crear su base clientelar. Entonces pierde todo margen de maniobra. Y cuando llega a este nivel, pierde toda perspectiva y se aferra al poder, haciendo lo que sea para no perderlo.

Y ya, para entonces, no sólo la Democracia y el Estado de Derecho se han visto seriamente afectadas, sino además la Economía, generando un clima de descontento, protesta e incluso violencia social, que parecen a veces muy difíciles de revertir. Y así, entonces, “aparece” o sale a flote el espíritu autoritario que se esconde detrás del Populismo, atacando directamente al pueblo que decía defender, y defendiéndose el pueblo de quien le ofreció protección y prosperidad.

No se pierde mañana, la tercera y última parte del blog “¿Cómo se rompe el círculo perverso del Populismo?

P.D.1: El uso excesivo de las comillas se debe a la perversión de las palabras que hace el Populismo. En él, las palabras se vacían de contenido para efectos de manipulación, por lo que las comillas aquí se utilizan para evidenciar el “uso” que hacen de estos conceptos, indicando que solamente un uso retórico y no literal. Lamentablemente, así se debe leer y analizar el Populismo!

P.D.2: Les invito a aplicar estas reflexiones a sus respectivos países y cualquier Gobierno en concreto. Y le invito cordialmente a compartir sus resultados a rarias@funpadem.org


¿Cómo se rompe el círculo perverso del Populismo?

La Democracia requiere liderazgos políticos que le diga a las personas lo que se debe hacer, no lo que quieren escuchar y sobre lo cual nadie quiere asumir los costos políticos.

Grecia acaba de dar un contundente ejemplo al mundo del populismo: su Gobierno convocó a un referéndum para “oponerse” al paquete de austeridad económica que le “imponía” la troika, ante lo cual, naturalmente, su “pueblo” votó en contra (No). Sin embargo, unos cuantos días después de este resultado que llenó de orgullo al pueblo griego (posición de dignidad frente a la imposición externa), el propio Gobierno “tuvo” que aceptar casi todas las “imposiciones” de la troika, ya que siempre supo que era la única alternativa para poder sostener sus maltrechas finanzas públicas, destrozadas tanto por el actuar populista de gobiernos griegos anteriores, como por el mismo actuar cómplice de quienes hoy le “imponen” la austeridad económica.

El círculo perverso del Populismo, de origen emocional y cultural, se superará cuando las personas desarrollen un profundo sentido crítico y democrático. Cuando se cuestionen las ofertas de las personas que aspiran al poder, auscultando sus verdaderas motivaciones e intenciones, así como la seriedad y viabilidad de sus propuestas. Cuando se desideologicen las políticas públicas, y se analicen a partir de valores y principios básicos de la democracia, como la libertad, la igualdad ante la Ley, el respeto del Estado de Derecho, la solidaridad y la equidad.

Nuestras Democracias se fortalecerán y arraigarán cuando, finalmente, las personas seamos más exigentes con quienes aspiran a cargos públicos, y les exijamos no solo lo que deseamos a título individual, sino lo que ocupa la sociedad en general. Si no somos protagonistas de este cambio, seguiremos siendo víctimas de nuestro pasado, con su legado de populismo autoritario, privando a nuestros hijas e hijos de un futuro mejor, el cual solo se puede alcanzar por medio de la Democracia y el Estado de Derecho.

P.D.1: El uso excesivo de las comillas se debe a la perversión de las palabras que hace el Populismo. En él, las palabras se vacían de contenido para efectos de manipulación, por lo que las comillas aquí se utilizan para evidenciar el “uso” que hacen de estos conceptos, indicando que solamente un uso retórico y no literal. Lamentablemente, así se debe leer y analizar el Populismo! 

P.D.2: Les invito a aplicar estas reflexiones a sus respectivos países y cualquier Gobierno en concreto. Y le invito cordialmente a compartir sus resultados a rarias@funpadem.org

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