El silencio cómplice de las personas “demócratas” también condenó a Leopoldo López

Por Randall Arias Solano
Director Ejecutivo
FUNPADEM

Poco a poco va perdiendo relevancia y notoriedad la noticia de la condena a casi 14 años de prisión al líder opositor venezolano Leopoldo López. O vamos olvidando lo grave del caso o, peor aún, nos vamos acostumbrando al hecho de que Leopoldo López ha sido oficialmente condenado a ser un preso político.

Evidentemente el régimen de Maduro, tosca continuación del Chavismo, es el responsable directo de encarcelar a Leopoldo López. Lo condenó por medio de una administración de justicia claramente cooptada por un régimen autoritario, que usa las formas de la democracia para “legitimarse” interna y externamente.

Sin embargo, para quien escribe, este caso refleja, de forma terminal, una culpa colectiva de las personas demócratas del mundo libre, especialmente en Latinoamérica.

Más allá de la indiferencia original de las personas demócratas del mundo con un régimen que encantaba con su verbo encendido (Socialismo del Siglo XXI), lo grave fue la simpatía y la adhesión que generó en quienes se dicen demócratas. ¿Qué les cautivó? Entre otros, su discurso igualitarista, su retórica incendiaria antiimperialista y abiertamente anti yanqui, la cual tocaba una fuerte fibra regional que siempre ve con recelo al país del norte y lo que representa en materia de libertad económica.

Todavía hoy hay quienes admiran el discurso populista – socialista y su materialización en el régimen autoritario de Venezuela, a pesar de que desde hace muchos años demostró ahí y en muchas otras partes del mundo, que sólo genera igualdad en la miseria, incluyendo la destrucción de una economía de gran riqueza,.

A nivel externo, son quienes se dicen demócratas los culpables en primer grado, por indiferentes, de lo que representa la condena política a Leopoldo López. Quienes en su momento vieron a Hugo Chávez como otro militarote pero “simpático”, y luego a Nicolás Maduro como un triste personaje poco ilustrado. Son responsables en primer grado porque eran los primeros llamados a denunciar el progresivo deterioro de La Libertad, el Estado de Derecho y, finalmente, la democracia en Venezuela. Si eran realmente demócratas progresistas, debieron identificar en el discurso chavista del Socialismo del Siglo XXI la génesis de una visión despectiva de la democracia, de un autoritarismo “refinado” y, finalmente, del germen del progresivo deterioro y muerte de la democracia.

Se podría argumentar en defensa de los demócratas indiferentes que era necesario ser muy ilustrado históricamente para darse cuenta que las dictaduras son el resultado de pérdidas paulatinas de grados de libertad, cuya víctima principal es la democracia. Sin embargo, al igual que en Derecho no se puede alegar ignorancia de la ley, en política no se puede alegar ignorancia de la historia.

Los culpables en segundo grado, por su parte, son los cómplices activos y pasivos que aún hoy son seguidores del régimen chavista de Maduro. Es cierto que hoy muchos de ellos, hipócritamente, reniegan del régimen, diciendo que al principio simpatizaban pero que hoy ya no. Actualmente son cada vez menos quienes reconocen ser aún seguidores del régimen y justifican insensatamente la condena a Leopoldo López.

Quienes hoy aún apoyan al régimen Chavista de Maduro son culpables en segundo grado, no en primero, porque ese vergonzoso historial le corresponde a los “demócratas tibios”, los mismos que hoy se quejan de sus propias democracias que les dan el privilegio de la libertad de expresión que le fue negada a Leopoldo López así como a millones de venezolanos opositores.

Estos demócratas “tibios” son los mismos que gritan y hasta tiran piedras contra la institucionalidad democrática (digamos, por ejemplo, policías), denunciando la criminalización de la protesta social si es contra ellos, pero que por otra parte callan de forma cómplice por eso mismo cuando se lo hicieron a Leopoldo López.

El juicio de reproche democrático debe ser más firme hacia quienes justifican el actuar de la cuasi-dictadura de Maduro, a la vez que usufructúan en sus países de los privilegios de la Democracia, a la cual no tardan en denunciar por criminalizar la protesta social cuando son sus “víctimas”. Son quienes defienden la protesta social si es una garantía democrática para ellos o quienes piensan de igual forma, pero que no tienen reparo en negársela, por acción u omisión, a quienes no comparten su credo del Socialismo del Siglo XXI o cualquier adaptación local.

Hoy el mundo demócrata condena tímidamente al Régimen de Maduro. Pero no se condena la indiferencia de los “demócratas tibios” que han tolerado esta debacle democrática. Yo sí lo hago. Y con vehemencia. Como corresponde desde una profunda convicción realmente democrática.

Mientras hoy Leopoldo López tiene la “certeza jurídica” de su condena política, observa cómo ahora, cuando hay muy poco que hacer, los demócratas indiferentes sí lo apoyan al ver los extremos a los que llega el régimen de Maduro. Es probable que ya sea muy tarde. Al menos para él. Pero aún quedan millones en Venezuela que esperan no ser víctimas ni del Régimen autoritario de Maduro ni de la indiferencia democrática.

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