Procesos electorales en América: Canadá, Guatemala y Argentina. ¿Hora del cambio? ¿De cuál cambio?

Miriam Pérez Meneses
Asistente Técnica de Proyectos
Centro de Pensamiento
FUNPADEM

Canadá eligió al joven liberal Justin Trudeau como Primer Ministro después de casi una década de gobierno conservador. Jimmy Morales, un verdadero outsider político, se convirtió el fin de semana anterior en el presidente de Guatemala, con una victoria más bien aplastante. Por su parte, el electorado argentino decidió, después de 12 años de kirchnerismo, que quizá, quizá, la fórmula del opositor Mauricio Macri deba desplazar al peronismo oficial.

La figura del cambio fue una constante en el discurso y propuestas de estos tres líderes.

Ahora, considerando la naturaleza histórica y sociopolítica propia de países tan diferentes entre sí, ¿indica el cambio, que los electorados del continente están reconsiderando las decisiones tomadas en la última década?

Partiendo de la superación de la visión lineal y progresiva de la historia, en la que el gatopardismo viscontiano pareciera haber perdido su vigencia (Feinmann, 1999), y el play, stop and rewind por parte de los electorados del continente es un fenómeno que, no sólo es verídico, sino que además es cierto,[1] las grandes mayorías de electores de Canadá, Guatemala y Argentina parecen exigir fórmulas que suplan las necesidades que, durante la última década, no han sido suplidas.

El caso canadiense, lleno de certeza de que Estamos listos,[2] vio la elección de Justin Trudeau con verdaderas expectativas de que la clase media canadiense se fortalezca, de que el sistema impositivo funcione de manera proporcional a las posibilidades reales de cada contribuyente, de que -en un país con cerca del 20% de su población constituida por extranjeros -, las políticas migratorias respondan a un contexto de envejecimiento de la población y conflictos armados en latitudes ajenas, y de que la economía del país deje de oscilar entre la estabilidad y una posible recesión.

Con una mayoría de ciento ochenta y cuatro asientos en una Cámara Baja de trescientos treinta y ocho espacios (quedando los restantes divididos entre cuatro partidos), el electorado canadiense pareciera depositar toda su confianza y sed de Changer ensemble[3] en Justin Trudeau y el Partido Liberal, con cerca del 40% de los votos válidos emitidos.

Curiosamente, Justin Trudeau, cuyo padre Pierre Trudeau fuera Primer Ministro de Canadá durante doce años (1968-1984), asegura que el cambio que desea traer al segundo país más extenso del planeta, está, más bien, lejos de las propuestas y acciones que implementara su progenitor en el siglo pasado.

El caso guatemalteco, y la cómoda victoria de Jimmy Morales sobre Sandra Torres, resulta aún más sorprendente cuando se considera que la experiencia política de Morales no sólo es en sumo reducida en sí misma (si bien conocido y popular entre los guatemaltecos, es debido exclusivamente a su carrera como comediante), sino mucho más modesta si se compara con la de Torres, figura constante en la política guatemalteca de los últimos años, no sólo por su vinculación con el ex presidente Álvaro Colom, sino como una importante figura del partido Unión Nacional por la Esperanza.

En este proceso electoral el cambio podría encontrarse en función de una ruptura cualitativa en materia de perfiles profesionales y políticos del ganador. No sólo es la personalidad, propuesta política y experiencia de Morales muy diferentes a las de su contendiente, sino también, y mucho más, a las de cualquier presidente de la historia de Guatemala.

Sin embargo, es posible que no sea éste el espacio en que el cambio debería centrarse, y el electorado guatemalteco lo sabe. Con un nivel de abstencionismo de cerca de cuarenta y cinco por ciento, y declaraciones como “No creo que vayan a cambiar mucho las cosas” y “Creo que Jimmy va a ganar, ¿Pero qué diferencia va a marcar?”[4] el beneficio de la duda pareciera nunca haber sido más generoso y espléndido.

Finalmente, el necesario balotaje del caso argentino, programado para el próximo 22 de noviembre, revela a un electorado satisfecho, y a uno que en definitiva no lo está. Con una diferencia de cerca de tres por ciento (que para efectos prácticos no le otorga la victoria ni al oficialista Daniel Scioli ni al opositor Mauricio Macri), el que ninguno de los candidatos alcanzara el umbral electoral, y que cada uno cuente con el 36,8% y el 34,3% de los votos, respectivamente, permite abrir interrogantes con respecto a cuán grande es el porcentaje de argentinos que, con el kirchnerismo, no quiere nada más.

Después de doce años de Cristina Fernández en la Presidencia, un 34,3% de los votos válidos para la alianza liberal Cambiemos resulta un decidido intento de viraje en la orientación política e ideológica de un potencial gobierno, procurando evitar que los doce años de kirchnerismo se acerquen cada vez más a las dos décadas en la Presidencia.

Y es que si bien el proceso electoral presidencial argentino aún no termina, y partir de porcentajes resulta más práctico para cualquier análisis, es imperiosamente necesario recordar que los votos no existen en función de sí mismos, sino de los argentinos que los emitieron, y que decididamente, dijeron Cambiemos.

En un contexto de crecientes tendencias pluripartidistas, de imperiosas necesidades de coincidencia entre Ejecutivos y Congresos, y de electorados que tienen la última palabra, considero al cambio, no sólo un un elemento vital para analizar el proceder de los gobiernos americanos en materia de gobernanza democrática, sino, principalmente, un fenómeno que revela cuán más estrictos parecieran ser los electorados del continente.

La histórica campaña electoral del primer mandato de Barack Obama en Estados Unidos en 2009, y la más reciente experiencia electoral presidencial costarricense con Luis Guillermo Solís, también son casos que evidencian cómo el cambio es cada vez más recurrente dentro de los procesos electorales de América.

Si bien habrá quienes exploten la figura del cambio como elemento discursivo de campañas electorales, pienso que, como se mencionó líneas más arriba, los electorados americanos han adquirido una mayor consciencia de sí mismos y de su rol en los últimos años, sin detenerse en cordialidades cuando una fórmula política y de gobierno ha dejado de ser efectiva.

Entonces, ¿es hora del cambio? ¿De cuál cambio? Efectivamente, es hora, pero quizá no por las propuestas que uno u otro partido pueda ofrecer en una eterna coyuntura de cambio, sino porque los electores son rotundos y directos a la hora de sancionar o premiar a líderes y lideresas que desean mantenerse o ingresar a la arena política. ¿Despertó el Y2K a los electorados americanos?

Fuentes consultadas

Feinmann, J.P. (1999). “La muerte del gatopardismo”. Artículo de opinión en Página 12. Disponible en http://www.pagina12.com.ar/1999/99-07/99-07-03/CONTRATA.HTM

La Nación (20 de octubre, 2015). “Quién es Justin Trudeau, el joven primer ministro que frenó a los conservadores en Canadá”. La Nación, edición digital. Disponible en http://www.lanacion.com.ar/1838115-quien-es-justin-trudeau-el-joven-primer-ministro-que-freno-a-los-conservadores-en-canada

Malkin, E. y Wirtz, N. (25 de octubre, 2015). “Jimmy Morales Is Elected New President in Guatemala”. The New York Times. Disponible en http://www.nytimes.com/2015/10/26/world/americas/former-tv-comedian-jimmy-morales-seems-set-to-be-elected-guatemalas-president.html

BBC Mundo (26 de octubre, 2015). “Elecciones en Argentina: Scioli y Macri se enfrentarán en segunda vuelta por la presidencia”. Disponible en http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/10/151025_elecciones_argentina_resultados_scioli_macri_irm

[1]“Bueno, bueno, ya está bien hermano, suficiente. Muchas gracias por tu valiente testimonio. Hermanos, esto que acabamos de escuchar, no sólo es verídico, sino que además es cierto. Porque, no nos engañemos, hermanos, es muy fácil obrar mal y luego arrepentirse; lo difícil es arrepentirse primero y luego obrar mal. Muchas veces los hermanos me dicen: “Hermano, yo trato de arrepentirme, pero por más que trato no logro arrepentirme”. Entonces yo les digo: “Únete a Warren, y tarde o temprano te arrepentirás”. Hermanos, tenemos que iniciar una nueva vida. Y si quieres lograr una paz más profunda, acércate a Warren. Lograrás una humildad que te llenará de orgullo y soberbia. Llegarás a ser tan creyente, que no te lo podrás creer. Sálvese mejor con Warren, salvación garantizada. Si se muere y no se salva, le devolvemos su dinero.” Marcos Mundstock, Les Luthiers.

[2] Ready. Spot de campaña en respuesta a ataques del candidato conservador Stephen Harper. https://www.youtube.com/watch?v=UbI985_oN-k

[3] Cambiar juntos. Slogan oficial del Partido Liberal para la comunidad francófona canadiense.

[4]Declaraciones dadas por electores al New York Times. Disponibles en http://www.nytimes.com/2015/10/26/universal/es/en-busca-de-un-cambio-guatemala-elige-al-comediante-jimmy-morales-como-su-nuevo-presidente.html?_r=0

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