Oposición llega al poder en Argentina después de 12 años de ausencia

Miriam Pérez Meneses
Hazel Villalobos Fonseca
FUNPADEM

Con una diferencia de apenas el 2,8% de los votos emitidos el pasado 22 de Noviembre, el ex jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri se proclama como el nuevo Presidente de la República de Argentina. Después de 12 años de Peronismo de centroizquierda, la coalición política de oposición “Cambiemos” llega a la casa Presidencial con muchas expectativas populares, entre ellas lucha contra la corrupción y la implementación de políticas de austeridad en el Gobierno.

Los resultados de esta segunda ronda en Argentina demuestran que en la dinámica de los sistemas democráticos no hay nada escrito y los pronósticos de los “favoritos” quedan a medio camino hacia las urnas electorales (como sucedió también en Costa Rica y Guatemala). Los porcentajes ganadores se invirtieron, en el momento en que Daniel Scioli, quien había tenido un mayor porcentaje de votos en la primera ronda, vio la consecución de casi dos décadas de Peronismo in office desaparecer cuando Muricio Macri y la centro-derecha ganaban la presidencia por primera vez desde el regreso a la Democracia.

Las principales propuestas de Cambiemos, a grandes rasgos, giran alrededor de la erradicación de la pobreza que sufren cerca de 14 millones de personas argentinas, terminar con el narcotráfico y el crimen organizado (además de un mayor acompañamiento y asistencia en el tratamiento de las adicciones), la inversión y recuperación económica del norte argentino (Plan Belgrano) y la unión de la población argentina, a través de mayores niveles de transparencia en los Poderes de la República y un estrechamiento de las relaciones entre las instancias nacionales y provinciales.

En materia de conformación legislativa, la renovación de la mitad de los miembros de la Cámara de Diputados para el período 2015-2019 y las curules cuya vigencia se mantiene le da a la Alianza Cambiemos un total de 91 espacios, mientras que el Peronismo cuenta con 155 representantes, estando las trece curules restantes distribuidas entre cinco partidos. El Gobierno dividido será, sin lugar a dudas, uno de los principales retos que Macri deberá enfrentar dentro de la institucionalidad democrática del país.

El abstencionismo en el balotaje que decidiera que el Kirchnerismo, no más, fue de un 24%, mientras que en la primera ronda fue de un 27%, aumentando así la participación electoral en tres puntos porcentuales, con la participación de cerca del 74% del padrón electoral.

Si bien porcentajes de participación tan altos siempre han de ser celebrados en las democracias modernas, la estrecha diferencia entre los resultados de Macri y el entonces oficialista Scioli no deja de llamar la atención y establecer expectativas más que grandes para la Administración Macri. Esto no sólo en función de sus propuestas, sino también en relación con la capacidad de gobernar en una coyuntura electoral en la que casi la mitad de los votos válidos fueron emitidos para el entonces oficialismo. Casi la mitad de ese 75% del padrón electoral que votó, no quería cambiar.

Las cifras están más cerca -muy cerca- que lejos. Un porcentaje verdaderamente considerable de la población argentina parecía estar a gusto con el Peronismo. Es necesario tener en cuenta la conformación de la Cámara de Diputados, además de los 12 198 441 votos que recibió el Frente para la Victoria, en comparación con los 12 903 301 que recibió la Alianza Opositora.

Entonces, Peronismo, ¿no más?

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