Algunas lecciones sobre la crisis de los migrantes cubanos

Por Randall Arias S.
Director Ejecutivo
FUNPADEM

Finalmente parece que los migrantes cubanos ubicados en Costa Rica (estimados en unas 8.000) podrán continuar su largo camino hacia los Estados Unidos, y así cumplir con su sueño americano y los requisitos de la Ley de Ajuste Cubano (es decir, llegar con los “pies secos” y no “mojados”). Este caso nos deja múltiples lecciones, entre las cuales propongo las siguientes:

La institucionalidad regional y subregional no opera cuando urge 

Se evidenció una vez más que la institucionalidad regional (OEA) y subregional (CELAC y SICA) no funcionan para nada ante crisis humanitarias que requieren decisiones rápidas. En el caso de la OEA, es muy claro todo lo que aporta en promoción de la democracia y los derechos humanos al continente, especialmente con el sistema interamericano de derechos humanos, nuestra joya de la corona continental. Pero es ya ampliamente conocido que para resolver crisis políticas, y ahora humanitarias, no es el foro adecuado.

Si bien CELAC no representa ninguna institucionalidad, cada vez hace más ruido y realiza pomposas cumbres presidenciales de gran concurrencia. Pero, y por si alguien tenía alguna duda, no sirve para nada relevante y/o positivo. Nada. Siendo que más bien surge como una forma de atacar y sustituir a la OEA (lo cual ojalá nunca suceda), es importante recordar su naturaleza o razón de ser, ya que escucharemos en su próxima e irrelevante cumbre a sus miembros dar hermosos discursos (que por supuesto enfatizarán la solidaridad regional), lo cual levantará pasiones (y muy pocas razones), sin que esto signifique nada de importancia (al menos positivo), para nuestros pueblos.

Luego tenemos al SICA, que fue, nadie lo ha dicho, el principal afectado por esta crisis. A nadie debería extrañar la irrelevancia total desde ya muchos años del SICA como foro político. Pero sí debe recordarse que el SICA, como sistema de la integración centroamericana, goza de buena salud en materia económica principalmente, ambiental, y poco a poco en lo social.

Pero en materia política el SICA, desde su época dorada cuando se crea en 1990 con el Protocolo de Tegucigalpa y que se extiende hasta finales de esa década, cada vez más ha venido a menos como foro deliberativo y decisorio para una visión común regional para atender los temas más relevantes. El último intento, con total acierto en cuanto al tema, fue el esfuerzo regional por consensuar, lanzar e implementar la Estrategia de Seguridad de Centroamérica (ESCA), a principios de esta década.

Esta acción regional articulada nos provocó el entusiasmo de que podía superar la etapa gris que representó la primera década del siglo. Sin embargo, hoy la ESCA perdió todo su vigor, evidenció sus problemas de origen en cuanto al diseño (carente de estrategia, por cierto) así como que en el fondo subyacía un fino intento por atraer fondos de la cooperación internacional para financiar la burocracia regional y una importante cantidad de personas y organizaciones que han logrado hacer de esto un gran negocio y no una gran cruzada por superar la violencia estructural que hoy destroza a la región.

La crisis de los cubanos en Costa Rica nos recordó que el SICA perdió su objetivo e impulso original de ser un espacio de consenso regional al más alto nivel (Presidentes y Cancilleres), para convertirse en un foro político irrelevante. Hoy tiene más protagonismo el Parlacén, aunque es público y notorio que es un adefesio jurídico y político que representa todos los vicios y males de nuestra política histórica.

¿Para qué sirve hoy, realmente, la reunión de Presidentes y de Cancilleres, como máximos órganos del SICA?

Costa Rica hizo bien e hizo mal

Siendo que la respuesta a la pregunta anterior es evidente (para casi nada relevante para la vida de nuestros pueblos), lo cierto es que el retiro del Gobierno de Costa Rica de estos foros políticos es muy lamentable. No solo es un error estratégico para su política exterior, siendo que se le reconoce como un líder moral en temas democráticos en la región, sino que además es un error no para este caso, sino para los casos futuros.

Esta actitud exagerada le será recordada y seguramente cobrada por sus colegas, especialmente por el Gobierno de Ortega. Y nada le ayuda de cara al mandato de la Corte Internacional de Justicia que obligó a ambos gobiernos a ponerse de acuerdo directamente para definir la indemnización que Nicaragua debe pagar a Costa Rica por el daño ambiental ocasionado por la ocupación ilegítima de la Isla Portillos, según lo resuelto en diciembre pasado.

El Gobierno de Costa Rica decidió renunciar a su liderazgo moral en materia política con esta actitud. No es posible que su Gobierno argumente casi dos años después de asumir el poder que no conocía la inoperancia del SICA para resolver temas políticos urgentes. Por ello no se vale asumir esta conducta como denuncia de esta realidad hasta ahora y no antes, como correspondería a una posición de principio. Aunque tenga razón por el fondo, por la forma fue inadecuada.

Así, el Gobierno de Costa Rica si bien se equivocó en su actuar político en el SICA, dio una lección al mundo de solidaridad al acoger a ocho mil cubanos y atenderlos como corresponde por varios meses. El error en su política exterior hacia Centroamérica no le resta ningún mérito a su acción ejemplar al ser realmente solidario.

Centroamérica asumió el costo de un problema entre Cuba y los Estados Unidos

Una vez más Centroamérica asume los costos (en este caso económicos y políticos) de un conflicto que no es propio (interno). Este caso obedece a un problema geopolítico entre Cuba y Estados Unidos, al margen de quien tenga la culpa (no es baladí huir de una dictadura). Sin embargo, como ya sucedió durante la guerra fría y como sucede actualmente con la guerra contra las drogas, de nuevo Centroamérica asume los costos de un conflicto ajeno.

Son situaciones diferentes en magnitud y alcance, ya que la guerra fría nos generó enfrentamiento armados con miles de muertos y la guerra contra las drogas nos genera aún más muertos y su solución desbordó por completo a nuestros Estados, por lo que no hay con quién “pactar” la paz). Sin embargo, tienen el elemento común de no ser causadas desde acá pero con efectos negativos en nuestros países, en este caso por el costo económico de atención de nuestros Gobiernos a estas personas y el costo político que ya mencionamos.

Las redes de crimen organizado transnacional de coyotaje siguen tranquilas en sus negocios

¿No debió ser esta una coyuntura ideal para discutir el segundo tema de fondo: las redes (mafias) de crimen organizado transnacional que usufructúan del anhelo de las personas de buscar su felicidad en otros países? Esto es lo que hoy debería estarse discutiendo en el seno político del SICA, una vez que afortunadamente se resolvió positivamente el puente humanitario de los cubanos (por aire de Costa Rica a El Salvador, y luego desde ahí hasta México por tierra).

Pero luego de resuelta esta crisis, todo vuelve a la “normalidad”. Y la normalidad no es sino que las redes de coyotaje seguirán realizando con pasmosa tranquilidad su mafioso negocio, comerciando con la necesidad y la vida de las personas, no sólo cubanas, sino de muchos países.

¿No debió haberse pactado en la reunión de Presidentes del SICA que una vez resuelta la crisis de los cubanos, inmediatamente se abordaría el tema de las mafias que los trasladan ilegalmente tanto a ellos como a otros nacionales?

Ni las cumbres de presidentes del pasado ni las recientes, ni el esfuerzo de la ESCA, han hecho nada relevante al respecto. Y Costa Rica, cuyo Gobierno desarticuló una red internacional que precisamente generó esta crisis, que tenía autoridad moral para liderar este esfuerzo, se retira de la discusión política donde debió abordarse el tema.

Resolvimos el caso de los cubanos pero aún restan todos los demás. El enfoque selectivo de la visión humanitaria de las migraciones (o la indiferencia selectiva)

¿Y entonces sólo el caso de los migrantes cubanos era una cuestión humanitaria? ¿Y no lo es el resto de los casos por igual? Aunque se podría argumentar que el caso de los cubanos es más grave porque la peor alternativa sería regresarlos a su dictadura de origen, lo cierto es lo que los demás casos no dejan de ser similares. Aunque me duela reconocerlo, es hoy mucho más grave y riesgoso para una persona del Triángulo Norte huir de las maras que para un cubano huir de la dictadura. Ambas son violentas, pero la dictadura es mucho más sofisticada y las maras son salvajemente violentas.

Por eso lleva bastante razón el Presidente Maldonado de Guatemala cuando denunciaba que no deja de ser ingrato que hagamos un puente humanitario para llevar migrantes irregulares a Estados Unidos, mientras este Gobierno más bien inicia el año con redadas masivas para expulsar y enviar de vuelta a miles de migrantes irregulares de Centroamérica. Ciertamente es al menos paradójico que los cubanos vayan resguardados por nuestros Gobiernos hacia los Estados Unidos, mientras que ahora el Triángulo del Norte recibirá a miles de sus compatriotas expulsados de Estados Unidos.

El principal tema de fondo que evidenció esta crisis es que hay muchos otros miles más de personas que han, siguen y seguirán buscando el sueño americano porque nuestros países los expulsan al no ofrecerles las oportunidades para su pleno desarrollo. También, que en el caso de personas en condiciones de especial vulnerabilidad, como las menores de edad, nuestros Estados y sociedades son incapaces de ofrecerles lo mínimo no sólo en cuanto a bienestar material, sino además en cuanto a protección efectiva.

La solidaridad sigue siendo un lindo discurso

Ya había mencionado en mi anterior entrada a este blog (https://pensandodesdecentroamerica.wordpress.com/2015/12/15/la-marcha-solitaria-de-los-cubanos-hacia-la-libertad/) que este caso evidencia el exceso de solidaridad en los discursos de gobernantes y ciudadanía en la región, pero con un absoluto déficit de conducta solidaria ante situaciones concretas como ésta. Es decir, la hipocresía detrás del discurso de la solidaridad.

Afortunadamente, los Gobiernos de El Salvador, Honduras, Guatemala y México actuaron conforme al principio de solidaridad y, cuando sus autoridades soberanamente lo dispusieron (como corresponde), han actuado de conformidad. Pero, no lo olvidemos, no fueron todos los Gobiernos. Y este no es un detalle menor. No nos sorprendamos luego.

Por ahora, estas son solo algunas conclusiones. Seguramente usted tendrá muchas más. Les invito a compartirlas.

 

 

 

 

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