El Leviatán de la trata de personas

Por Sarah Castrillo
Coordinadora del programa de Justicia y Cumplimiento
FUNPADEM

La necesidad del ser humano de orden y seguridad ha sido el gatillo de osadías, atrevimientos y sobre todo movimientos sociales que han ocasionado el surgimiento de la democracia y su conjunto de garantías y libertades individuales. Incluso, me atrevería a afirmar que es la seguridad antes que el orden; seguridad de que la vida es efectivamente inviolable, de que se protege propiedad privada, de que soy libre y mi libertad nadie me la puede quitar. En otras palabras, la seguridad (certainty) de que estoy segura safe).

En Centroamérica, las Constituciones Políticas de nuestros países libres, democráticos y soberanos proclaman la inviolabilidad de la vida, promueven el respeto a la integridad física y la dignidad inherente al ser humano. Sin embargo, es claro que no se cumplen como dicta el papel.

El Estado, el Pacto Social estandarte del Contractualismo clásico dista considerablemente de la realidad centroamericana: John Locke aseguraba que el pacto de las sociedades garantizaba la paz y la dignidad; sin embargo este no ha sido el caso de Centroamérica y su historia.

Los Estados con su excesiva burocracia, ineficiencia y poco orden nos han devuelto al estado de naturaleza del Leviatán. Por lo tanto, no son raros los altos niveles de violencia y desorden, en donde la ley no necesariamente significa la autoridad y lo justo no tiene ningún significado. ¿En qué momento volvimos al homo homini lupus?

Las actividades delictivas son por definición contrarias al Pacto Social, los delitos contra la vida traspasan los artículos fundamentales de la carta magna. Sin embargo el “lobo del hombre” no puede contentarse con ello: surge aquí la figura de la trata de personas, que sobrepasa todas las garantías y derechos por los cuales generaciones de seres humanos han luchado durante siglos; la razón misma por la cual surgió el Estado.

La trata de personas no solo representa el irrespeto a la inviolabilidad de la vida, a las garantías y libertades individuales y demás derechos humanos, sino que representa, además, un retroceso social que nos devuelve a un sistema donde el ser humano es dominado por sus pasiones y el derecho es de quien pueda ejercerlo.

La trata de personas es un padecimiento que pronto se convertirá en pandemia regional. Los Estados Centroamericanos no cuentan con las capacidades necesarias para atacar al crimen organizado, y mucho menos para llevar al día estadísticas fieles de la trata de personas.

Aunado a esto, no existen indicadores unificados internacionalmente, y lo que es peor, al menos en Costa Rica, delitos que claramente son trata no son juzgados como tales debido a la compleja definición del tipo penal.

Es frustrante conocer la realidad social y política de los países centroamericanos y tener la certeza de que el factor económico en sociedades tercermundistas prima sobre los valores y los derechos humanos de las personas involucradas en las redes de trata. ¿Será que por nuestra condición de centroamericanos, como decía Aristóteles, “somos esclavos por naturaleza” ?¿Estaremos condenados a ser victimas silenciosas bajo la sombra crimen organizado?  ¿Será que realmente la crudez de la pobreza centroamericana y el caos político de dudosos valores éticos obliga a las personas a despojarse de los elementos más básicos de lo que llamamos “humanidad”?

Finalmente, salen a la luz dos ficciones en las cuales la sociedad “moderna” se encuentra. La primera, basada en la realidad actual y es que el ser humano no es aún plenamente “civilizado” y, muy por el contrario, en algún momento de la travesía perdió su rumbo y retornó a su estado natural. Pareciera que hemos alcanzado niveles de deshumanización preocupantes. La segunda ficción es que el ceder soberanía a la entidad Estatal no garantiza la paz y la dignidad de una persona, ya que éste no puede cumplir ni siquiera su función básica de garantizar la seguridad.

Hobbes publicó el Leviatán en 1651. Hoy, cuatro siglos después, aún no alcanzamos la civilización post homo homini lupus.

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