“Queremos tanques de agua no de guerra”

Por Sarah Castrillo y Randall Arias
FUNPADEM

Desde la semana anterior se ha desatado un intenso debate por la compra por 80 millones de dólares de 50 tanques rusos modelo T-72B1, como “parte del contrato de cooperación técnico-militar bilateral” entre Managua y Moscú.

El proceso de remilitarización que vive Centroamérica ahora empujado por Nicaragua en alianza con Rusia, es un retroceso más del frágil equilibrio cívico – militar que se logró con los Acuerdos de Paz de Esquipulas. Hasta el Tratado Marco de Seguridad Democrática la región se dirigía en la ruta correcta para construir una región de Paz, Democracia y Libertad. Los ejércitos se habían reducido y vuelto a sus cuarteles, Panamá abolió su ejército siguiendo la experiencia de Costa Rica que ha demostrado por ya más de seis décadas que si no se construyen amenazas artificialmente, entonces no hay por qué armarse para defenderse.

Sin embargo, desde finales del siglo anterior, la región vive un proceso de remilitarización con una consecuente carrera armamentista muy peligrosa y grave, que pone en peligro no solo nuestras frágiles y recientes democracias, sino además la estabilidad regional en su conjunto.

Desconcierta el incremento de inversión en compra de armas y equipo bélico de la región centroamericana, y genera un sin sabor compararlo con la “urgencia” o las alertas de guerra inexistentes entre los países.

Gráfico 1: Gasto en Armas de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua.

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Fuente: Periódico El Universal, tomado del SIPRI.(2016)

Por un lado, Nicaragua y Costa Rica mantienen tensiones y desencuentros diplomáticos de índole territorial y de soberanía, como lo son el río San Juan, la invasión de la Isla Calero y finalmente ahora, el canal interoceánico de Nicaragua. Sin embargo, lo anterior no pareciera justificar ni el 1% de la compra masiva de tanques de guerra, máxime que Costa Rica no cuenta con ejercito, ni mucho menos armamento militar. Por otro lado Honduras, su vecino del Norte, cuenta con un inventario militar considerablemente inferior al de Nicaragua por lo que tampoco desde ése punto de vista se fundamenta la compra de armamento tan potente para el país. Es decir, no hay amenaza extrema significante para la compra de ese calibre.

Podría asociarse por el aumento de la presencia del crimen organizado en la Región Centroamericana, principalmente asociada a la “Guerra contra las drogas” auspiciada y financiada por los Estados Unidos. Así como por la llegada de Gobiernos autoritarios encabezados por el de Ortega, donde los ejércitos no sólo han vuelto a las calles a realizar labores de policía, sino que además, ahora adquieren equipo bélico y ofensivo.  Sin embargo ese equipo altísimamente ofensivo, es demasiado especializado para contrarrestar la lucha contra las drogas. Por lo que únicamente tendría algún tipo de sentido si se busca intimidar a sus vecinos o inclusive a su población.

La región no debe ceder ante el espejismo de “seguridad” que pueda generar la compra de armamento de un país. Costa Rica y Panamá son prueba fehaciente de la eficiencia del Derecho Internacional para garantizar las relaciones pacíficas entre países. Hoy en la región se siguen acumulando pequeñas bombas de tiempo que ojalá no estallen juntas o unas contra otras.

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