TRES BUENAS PRACTICAS PARA LA PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA SOCIAL EN CENTROS EDUCATIVOS

Hazel Villalobos Fonseca
Coordinadora de Asuntos Técnicos de FUNPADEM

En los últimos años, se ha evidenciado un interés de los gobiernos de la región en el desarrollo de iniciativas de prevención de la violencia y del delito, que en algunos casos se han convertido en políticas gubernamentales. Sin embargo, las políticas de prevención de la violencia destinadas a la primera infancia y edad escolar son esporádicas y se han caracterizado: por un frágil liderazgo de los Ministerios/Secretarías de Educación, por la poca articulación y colaboración entre stakeholders de la comunidad educativa y por la dependencia de la “buena voluntad” de las personas educadoras para ejecutarlas.

La prevención de la violencia en la niñez es una responsabilidad que no sólo recae en la dirección educativa, docentes y personal administrativo del centro educativo, sino en cada stakeholder alrededor  de la institución con el fin de construir un modelo de prevención desde la comunidad educativa. Una comunidad educativa aglomera tanto las personas que conviven dentro del centro educativo como docentes, director(a), estudiantes y personal administrativo, así como las personas que conviven alrededor de la institución como representantes de instituciones públicas (sector salud, seguridad, educativo, etc), gobierno local, empresa privada y vecinos(as) de la comunidad. La comunidad educativa basa su trabajo en red siendo su objetivo el beneficio común del centro educativo.

Existen estudios que han demostrado que el comportamiento violento en edad adulta se puede prevenir por medio de la enseñanza a los y las niñas más pequeñas con temas sobre habilidades socio-emocionales y la elección de alternativas no violentas para resolver los conflictos (Cepeda, 2011). Además, el aumento de factores protectores dentro y fuera del centro educativo disminuyen las probabilidades de que aumenten las dinámicas de violencia escolar.

A partir de la experiencia acumulada de FUNPADEM en temas de prevención de la violencia en niñez y juventud, se ha identificado tres buenas prácticas para la construcción de este modelo de convivencia a partir de la comunidad educativa. Estas buenas practicas no prometen ser exhaustivas pero al menos sí los primeros pasos para construir iniciativas, programas o políticas de prevención de la violencia en el entorno educativo:

  1. La evidencia y el conocimiento previo es nuestro mejor aliado: Sabemos que en esta clase de intervenciones la identificación previa de los factores de riesgo, protectores y dinámicas de violencia tanto a nivel interno como externo de cada centro educativo a intervenir, es un factor de éxito. El principal problema en el diseño y ejecución de programas o políticas de prevención de la violencia en centros educativos a nivel regional es la “generalidad” de las acciones, es decir tratan de replicar una iniciativa que tuvo éxito en un determinado centro educativo  y con una población específica a los demás centros educativos del país, sin que medie un análisis situacional de violencia social de cada institución educativa[1]. Es más, centros educativos  de un mismo cantón/departamento tienen dinámicas de violencia, factores protectores y de riesgo muy diferentes entre sí y no necesariamente una iniciativa que tuvo éxito en una escuela puede tener éxito en todas las escuelas de una región.

Un buen análisis situacional no sólo abarca información cuantitativa (como datos estadísticos) sino también abarca la recopilación de información cualitativa a partir de fuentes primarias. Este levantamiento de la información cualitativa se puede realizar a través de entrevistas a profundidad administradas a actores claves, grupos focales y visitas de expertos para la observación  en cada centro educativo.[2]

  1. Primero los docentes, luego la población estudiantil: Los principales aliados en nuestra iniciativa de prevención de las violencias en centros educativos deben ser las personas docentes, asimismo deben ser los primeros que deben ser sensibilizados y capacitados.

Para la intervención con docentes, recomendamos lo siguiente:

  • Construir una metodología y una caja de herramientas para la prevención de la violencia basada en conocimiento y evidencia (punto anterior), de fácil aplicación y sin necesidad de construir un ambiente y/o un tiempo diferente de las labores diarias del docente. Es importante, que los docentes puedan aplicar estas herramientas en sus lecciones ordinarias y no lo vean como un sobrecargo de trabajo sino como un apoyo a su trabajo diario con sus estudiantes.
  • Identificar asociaciones implícitas en docentes: Muchas veces las intervenciones no tienen éxito, porque es el mismo facilitador que no cree que ciertas acciones puntuales pueden prevenir o cambiar conductas violentas entre sus alumnos(as). Ejemplo, algunos docentes no creen que el incorporar un lenguaje inclusivo en sus aulas pueda llevar a la equidad de género, debido a que sus patrones de crianza fueran en entornos machistas.
  • Identificar y tratar el síndrome del quemado en docentes: Aunque se sabe que los docentes tienen la obligación de intervenir en casos de violencia intrafamiliar o violencia sexual en contra de sus estudiantes y aplicar los protocolos previstos por autoridades educativas.; muchas veces no sucede. Este desinterés se da por diferentes razones. En algunos casos los docentes se sienten vulnerables ante el proceso y tienen temor de represarías por parte del victimario. En otros casos, no sienten el respaldo necesario de la dirección educativa o de las instituciones públicas implicadas en el proceso y lo sienten como un recargo a sus funciones o simplemente no creen –por experiencias previas- que el proceso sea eficaz y resuelva el problema.
  • Invertir en mejorar la relación docentes-dirección educativa: En un reciente estudio realizado por FUNPADEM (2016) en el cantón de Escazú, Costa Rica se evidenció que en aquellos centros educativos donde había una relación poca colaborativa entre docentes y dirección educativa los niveles de violencia eran más altas en comparación con otros centros educativos que sí tenían una buena relación.
  1.  Liderazgo del Gobierno Local articulando los esfuerzos de las diferentes instituciones y comunidad: El liderazgo de la prevención de la violencia social debe ser asumido por el gobierno local, quien es el que tiene la facultad de articular y coordinar todas las iniciativas a nivel local. Además son los encargados de articular y “bajar” las políticas nacionales a nivel local para su debida ejecución en beneficio de sus comunidades. No es suficiente que el gobierno local solo invierta en infraestructura escolar (sin dejar de ser un gran apoyo para las escuelas), sino que ahora se demanda de los gobiernos locales que tomen la batuta en la prevención de la violencia social en centros educativos como articuladores y coordinadores de los esfuerzos o iniciativas. El Gobierno Local puede convocar e involucrar tanto a representantes de instituciones públicas como los y las vecinas de las comunidades. Es importante que la comunidad se empodere y desarrollo en articulación con los demás actores claves y el liderazgo del Gobierno Local, programas para el uso de espacios formales e informales, pues en la mayoría de casos los niños(as) y jóvenes después de clases son más vulnerables a recaer en dinámicas de violencia y delitos.

Para finalizar, no queda de más señalar que en la construcción de un modelo de convivencia pacífica en centros educativos es de suma importancia la comunidad.  Cuando hablamos de los miembros de la comunidad no sólo hablamos de los padres y madres de familia que tienen a sus hijos(as) en el centro educativo sino de  TODOS y TODAS las vecinas que de una u otra manera influyen o pueden influir en el centro educativo. Desde aquella persona vecina que dejó mal parqueado su vehículo cerca del centro educativo,  a aquella que pasó frente del centro educativo y utilizó un lenguaje poco adecuado o  hasta aquella que podría dar clases de tutorías a estudiantes en horas libres.  TODOS y TODAS somos corresponsables de construir un modelo de convivencia pacífica en nuestras comunidades educativas.

Bibliografía Consultada:

Cepeda Espinoza, A (2011) Programa Interamericano sobre Educación en Valores y Practicas Democráticas. OEA 2012.

Villalobos, H; Loría M (2016) Análisis situacional sobre la violencia social en instituciones públicas educativas del cantón de Escazú.  Disponible en http://www.funpadem.org/Publication/detail/214/15

[1] Para mayor información sobre Análisis situacional de la violencia social en centros educativos en este link http://www.funpadem.org/Publication/detail/214/15

[2] Para las entrevistas así como las visitas es primordial contar con instrumentos investigativos previamente diseñados para el levantamiento de la información.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: