Visita de Trump a México: ¿para qué sirvió?

Por Randall Arias
Director Ejecutivo FUNPADEM

La semana anterior el candidato presidencial del Partido Republicano, Donald Trump, visitó México gracias a una invitación que le formuló el Presidente azteca, al igual que lo hizo con la Demócrata Hillary Clinton.

La invitación fue sorpresiva, pero más aún lo fue la rápida aceptación de Trump así como que éste fuera el primero en hacer la visita. Esto, cuando se pudo haber esperado que por estrategia fuera Clinton, quien finalmente declinó participar señalando lo vergonzoso del encuentro entre Trump y Peña.

De lo que se conoce de la agenda del encuentro, lo que se conversó en privado y sus resultados es poco lo que se sabe por lo que se transmite en los medios de comunicación. Sin embargo, con base en el resultado que sale a la luz pública, es claro que el gran ganador fue Trump y el gran perdedor fue Peña Nieto.

Esto por cuanto Trump se mostró ante el electorado gringo, especialmente ante los indecisos, con una conducta propia de un Presidente, respetando las formas diplomáticas, siendo cortés y hablando correctamente. Es decir, actuando diferente a como lo ha hecho durante la campaña en donde sobresale su actitud y lenguaje políticamente incorrecto. Esfumó así, en este acto, el temor de que no se supiera comportar en la alta diplomacia internacional.

No obstante, y en el marco de la estrategia propia de un candidato populista que no tiene reparo en flexibilizar in extremis su discurso según las circunstancias y las necesidades electorales, bastó menos de un día para que luego de la reunión con Peña Nieto disparara de nuevo sus dardos verbales contra la inmigración mexicana, reiterando que México pagará por el muro que construiría su eventual Gobierno.

Aunque no se puede afirmar que hay una relación de causalidad directa, la última encuesta que se publica esta semana ya pone a Trump por encima de Clinton, rompiendo una tendencia de estancamiento del apoyo al candidato Republicano. Y el único hecho político notorio desde las convenciones de los Demócratas y Republicanos, que mantuvo a Clinton en un promedio de 5 puntos por encima de Trump, fue la visita de éste último a México.

Es evidente que conforme se acerque la elección presidencial de noviembre Trump intentará moderar su lenguaje virulento moviéndose al “centro” sobre los temas en los cuales ha sido radical, típicamente contra la inmigración.

Ya no habla de deportar a los millones de migrantes ilegales ni de prohibir la entrada de los países enemigos de los Estados Unidos. Y su propuesta de 11 puntos sobre inmigración es suficientemente vaga como para ser interpretable.

No solo quiere parecer más moderado sin dejar de ser firme para ganar adeptos en los indecisos, sino que además sabe que si eventualmente ganara (lo cual deseamos) deberá empezar a gerenciar las expectativas a la baja. Esto, porque sabe que sus propuestas más radicales son inviables y que solamente han sido un gancho para atrapar al electorado radicalizado por los temores que los agobian por la inmigración, el desempleo y el terrorismo.

Un punto destacable de la reunión, fue que Trump bajó el tono a su propuesta de sacar a Estados Unidos del CAFTA, lo cual sería no solo un golpe durísimo a la economía mexicana, sino también a la estadounidense. Le bajó el tono.

En este contexto de información escasa y ante la perplejidad de la estrategia del Gobierno de Peña Nieto para celebrar esta reunión cumbre sin ningún beneficio aparente para México ni para el Presidente mexicano cada vez más de capa caída, da la impresión de que el logro fue que Trump les confirmara que los beneficios de CAFTA no sufrirían modificación en caso de una presidencia. Esto, por supuesto, podría haber sido un interés esencial de la diplomacia económica de México.

En cuanto al Presidente Peña Nieto, al menos a nivel de opinión pública, es claro que no ganó nada, y más bien continúa agregando pasivos a su ya deteriorada imagen. Las voces en contra de la reunión se acrecentaron ya que no le envió ningún mensaje público de tranquilidad al público mexicano en el país y especialmente en los Estados Unidos. Un sector de la población siente que se trató con excesiva diplomacia a quien los ha ofendido reiteradamente como nación.

Siendo la diplomacia mexicana tan avezada, es difícil imaginarse que esta reunión no haya tenido un objetivo estratégico relevante. La información disponible no alcanza para averiguarlo.

Sin embargo, por lo pronto Trump amplió su tribuna pública gracias al Gobierno Mexicano, jugó a la ambigüedad discursiva como mandan los libros de textos de la realpolitik, y ahora hay que esperar si esto se transforma en un repunto de su estancada carrera hacia la Casa Blanca.

Mientras Peña Nieto no sólo acumula más puntos negativos, queda el sinsabor de que más bien le ayudó a Trump a volver a puntuar en los encuestas, cuyas consecuencias el mundo podría sufrir si llega a ser Presidente, especialmente los mexicanos.

Ojalá y Peña Nieto no termine siendo quien le permitió a Trump el empujón que necesitaba para levantarse de lo que parecía ser una derrota segura (y tan anhelada por el mundo demócrata).

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