EL PRECIO DE LA PAZ: ¿PERDÓN O JUSTICIA? EL FIN DE 52 AÑOS DEL CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA

Por Diego Acuña
Pasante de FUNPADEM
Estudiante de Relaciones Internacionales de la Univeridad Nacional

El pasado 26 de septiembre se firmó el Acuerdo de Paz que pone fin a 52 años de guerra entre el gobierno de Colombia y las FARC. Un grandilocuente acto, una bala convertida de manera simbólica en pluma, 15 jefes de Estado y 250 víctimas de violencia, acompañaron la firma del Acuerdo en Cartagena que escindió sobre los discursos brindados del presidente Juan Manuel Santos y el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño.

La guerra en Colombia, se gestó en un contexto de alta disconformidad en su población. Las desigualdades sociales, la tenencia desigual de la tierra (latifundios), y violaciones a los derechos básicos fueron algunos de los hechos que provocaron la toma de armas y por ende el inicio del conflicto armado en 1964.

A partir de este acontecimiento, varios actores se han visto involucrados. El gobierno, grupos paramilitares, guerrillas y empresarios han formado parte de esta guerra que ha marcado la historia no sólo del país, sino también del continente. Desde 1964, una inmensa cantidad de personas han sido afectadas por el conflicto de mayor durabilidad de América. La guerra ha dejado como consecuencia un total de 260.000 muertos, 45.000 desaparecidos y 6,9 millones de desplazados, secuelas que han mermado el bienestar político del país, y que ha calado directamente sobre su población.

Por ello, las palabras: “Las balas escribieron nuestro pasado, y la paz escribirá nuestro futuro” que presidieron el acto oficial en el que ambos representates firmaron con el “balígrafo” el acuerdo de paz, cobran una mayor relevancia. Cabe cuestionar si después de 52 años, la firma del acuerdo podrá subsanar las aún abiertas heridas de la sociedad colombiana, o si más bien las empeorará, continuando con el amplio trayecto de disenso y discordia -entre el gobierno y las FARC- que ha marcado la historia del país cediéndole un alto grado de incidencia política a su contraparte, ¿habrá sido fructífero el amplio proceso de negociación entre ambas partes?

Debemos juzgar este tipo de acontecimientos detrás de los lentes de la historia. De tal forma podremos observar que el referéndum de Sudáfrica (1992), finalizó con el sistema de apartheid implantado desde 1948, también que el Acuerdo del Viernes Santo -o Acuerdo de Belfast- en Irlanda del Norte (1998), dio fin a un largo conflicto religioso entre católicos y protestantes, y más recientemente, podremos juzgar de forma crítica la revocatoria de la Ley de Amnistía en El Salvador.

La firma del Acuerdo de Paz debe ser vista como un hito que ha provocado una ruptura en la amplia estructura de la coacción política y social que tanto ha afectado al país. Esto, debido a que sólo el tiempo podrá determinar la efectividad de los compromisos contraídos este 26 de septiembre. Visto de otra forma, se podrá caer en un anacrónico y precipitado juicio de valor.

No obstante, este Acuerdo solo será efectivo si el siguiente 2 de octubre los colombianos votan a favor de que se ratifique en un plebiscito. Para aprobar el acuerdo de paz, se requiere que 4,54 millones de personas (un 13% de los electores) voten por el “sí”, o por el contrario para que este se desapruebe, votando por el “no”. En un reciente sondeo realizado por la firma Cifras y Conceptos, un 54%  de las personas manifestaron que apoyarán la aprobación del Acuerdo, mientras que un 34% rechaza que se rectifique.

Es así, que los colombianos se enfrentarán a un referéndum en el cuál decidirán si se rectifica o no el Acuerdo de Paz. Como bien lo expresó, John Carlin, “con Justicia no hay paz”. En su artículo la población que opta por el “no” acusa a Santos de traicionar a los muertos, sin embargo hace una salvedad y bien expresa que “rechazar la justicia imperfecta de los acuerdos de paz y optar por la vuelta a la guerra significa traicionar a los vivos y a los que están por nacer.”  Existen dos caminos, el perdón, o la justicia. El primero de ellos, llevará a las personas colombianas a finalizar la ardua trayectoria que ha provocado el conflicto armado, perdonando todos los crímenes cometidos por las FARC. El segundo, implicaría la continuación del prolongado conflicto por más tiempo, sumando más víctimas a la ya ingente cantidad afectada, siendo evidente que los miembros del grupo armado no desean entregarse, ni cumplir penas por los crímenes que cometieron.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Agence France Presse. 2016. La paz con las FARC en Colombia abre una nueva era tras 52 años de guerra. Recuperado de: https://www.afp.com/es/noticias/17/la-paz-con-las-farc-en-colombia-abre-una-nueva-era-tras-52-anos-de-guerra

Carlin, J. (2016). Con justicia no hay paz. El País. España. Recuperado de: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/09/21/actualidad/1474477860_540013.html

Centro Nacional de Memoria Histórica. 2014. Guerrilla y Población Civil. Colombia. Recuperado de: http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/informes2013/farc/guerrilla-poblacion-civil.pdf

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