La migración centroamericana frente a una potencia xenófoba

Por Sarah Castrillo
Coordinadora Programa de Justicia y Cumplimiento
FUNPADEM

Desde la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, el tema de la migración ha sido puesto sobre la mesa y pareciera que se mantendrá ahí al menos hasta el 2021. Centroamérica deberá comprender bien las repercusiones que esto implica, de ahí que ya se han generado en las últimas semanas una serie de encuentros entre los cancilleres de México, Guatemala, El Salvador y Honduras para fortalecer las relaciones con EEUU en materia de migración.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en los Estados Unidos hay aproximadamente 40,4 millones de migrantes, lo que representa al 13% del total de la población, de los cuales 3,998,280[1] son migrantes centroamericanos. La organización afirma que Estados Unidos es el destino número uno de migrantes en el planeta.

Cuadro 1: Crecimiento de la migración hacia Estados Unidos entre el año 2000 y el 2010.

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Fuente: U.S Census Bureau (2010)

Recientemente la OIM ha publicado el Informe sobre las migraciones en el mundo (2015) “Los migrantes y las ciudades: nuevas colaboraciones para gestionar la movilidad”, donde se énfatiza en la vulnerabilidad de los migrantes en el mundo. Esto ya que a pesar de que las ciudades receptoras ofrecen servicios y oportunidades para incrementar su calidad de vida, ellos se exponen a una realidad con distintos tintes de xenofobia y oportunismo que se traduce en condiciones de exclusión y vulnerabilidad.

Estas condiciones pueden representar obstáculos como barreras culturales, jurídicas y sociales, como por ejemplo trabajos mal remunerados o explotación laboral.  Asimismo, pueden ser victima de crímenes debido a que su condición no siempre regular facilita dinámicas relacionadas con la trata de personas y el narcotráfico.

En Centroamérica según el informe de la OIM existen 3 rutas que se utilizan para llegar a Estados Unidos.

Imagen 1: Rutas de migración en Centroamérica  hacia Estados Unidos.

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Dependiendo de las condiciones de salud y monetarias de los migrantes, pueden llegar a su destino o quedar desamparados en algún punto del camino, o inclusio morir victima de un transportista ilegal a lo largo de la ruta.

Sin embargo, existen buenas prácticas identificadas por el informe que lejos de seguir el discurso xenófobo de Trump pueden ayudar a la comunidad estadounidense a integrar adecuadamente la población migrante del país.  Una de ellas es el Programa cantonal de integración en Vaud, Suiza: Retos y objetivos de la política pública, que es el tercer contingente a nivel mundial de redes de extranjeros y se encuentra ubicado en Suiza (OIM, 2015). Este cantón ha establecido una política pública en materia de integración y promueve el trabajo en conjunto con organizaciones de migrantes en el país.

Otra buena práctica interesante sucede en Stuttgart, Alemania donde se promueven programas de permanencia y adaptación para las personas migrantes, en los cuales se les integra a la comunidad como empleados de la ciudad.

Incluso se evidencian esfuerzos en pro de la integración de los migrantes en distintos lugares de los Estados Unidos como los son Texas, Nueva York y San Francisco. En esta última ciudad se han evidenciado comportamientos que distan mucho del discurso del partido Republicano ya que, según el informe, en esta ciudad no se investiga la situación en materia de inmigración de las personas, lo que representa un aporte muy significativo per se en materia de la actitud de la comunidad hacia el tema. Asimismo el informe resalta que los ciudadanos incluso aplican políticas santuario tanto formal como de facto. No es coincidencia que el Estado de Illinois lo ganara Hillary Clinton.

Los gobiernos deben impulsar estas políticas públicas desde su cúpula hasta calar en la visión de mundo de cada uno de los ciudadanos. El cambio social es posible siempre y cuando el país se embarque en una dirección clara y exista un capitán comprometido con la tarea. Finalmente está claro para la región centroamericana que lo que le preocupa a los gobernantes no es qué tan comprometido esté Trump, sino es más bien la dirección hacia donde lleva el barco.

[1] U.S Census Bureau (2010)

 

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