El enemigo de mi amigo es mi enemigo ¿cierto?

Emanuel Oviedo Espinoza
Pasante de FUNPADEM
Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Costa Rica

La frase original del proverbio árabe replica que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Sin embargo, esta acepción puede ser utilizada para entender cómo funcionan varias estrategias políticas que se mueven en las áreas más profundas de la coyuntura latinoamericana.

Existen diversos ejemplos de cómo algunos líderes han utilizado un enemigo en común, a veces real, o a veces inventado, para generar cohesión en la población. Así fue Hitler con los judíos, o ha sido más recientemente Donald Trump con los mexicanos, Marine Le Pen con la población migrante… ¿Existe un factor común en estos ejemplos? Ninguno de los supuestos enemigos representa o representó una amenaza real para sus poblaciones. Segundo, el enemigo era o es, por lo general, incomprendido por la mayoría, por lo que, generar sentimientos negativos hacia ellos resulta fácil por concepciones previamente adquiridas sobre estos; además, los líderes se presentan a ellos mismos como los abanderados del combate hacia ese enemigo, y por último existen ciertas situaciones circunstanciales que sirven de caldo de cultivo para afianzar esa enemistad.

El miedo es uno de los más primitivos y fuertes sentimientos del ser humano, nos lleva a hacer (o dejar de hacer) cosas que podríamos pensar en otros momentos imposibles. Está sobretodo motivado por la respuesta emocional a situaciones a las que somos ajenos en las que no tenemos margen de acción claro de cómo gestionarlas. Esto quiere decir principalmente que, el miedo está afianzado por la ignorancia de la situación, por lo que la angustia provocada del no saber aturde y hace actuar muchas veces de una manera que no responde a la razón.

“Cuando México envía a su gente, no nos mandan a los mejores. Nos mandan gente con un montón de problemas, que traen drogas, crimen y son violadores” -Donald Trump.

En el campo de la política el miedo se utiliza como herramienta y resulta tremendamente exitosa. Parte de la fórmula, como se señaló más arriba, es utilizar un enemigo que, aunque conocido, sea además incomprendido. Así lo ha hecho Donald Trump con los mexicanos y también ha pasado con Costa Rica, por mucho tiempo con la población migrante y actualmente con los grupos LGTBI.

Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el costarricense admite que las poblaciones que son mayormente discriminadas son los homosexuales con un 85%, seguido por los nicaragüenses, con un 84% (2015). En tiempos electorales, los discursos en esta dirección suben de tono, manifestando muchas veces posiciones que utilizan la discriminación y la ignorancia sobre estas poblaciones en función de ganar adeptos.

Sin embargo, uno de los puntos descritos es la importancia de situaciones circunstanciales que promuevan que se vea ese enemigo como tal. Hace un tiempo, los discursos, los reportajes en los medios y los comentarios de la población en general se volcaban hacia el nicaragüense con aportes valorativos negativos, exaltando la xenofobia, era normal escuchar hablar de los nicaragüenses ilegales, cosa que no tiene ningún sustento, ninguna persona es ilegal per se.

Ahora, con el auge de grupos feministas y LGTBI, además de diversas ONG, organismos internacionales y sociedad civil que promueven los Derechos Humanos, los sectores más conservadores se han sentido amenazados y han surgido voces que recogen ese descontento y ese miedo para beneficio propio. Se ha creado un enemigo fundado en gran parte por mentiras y desinformación. La sociedad costarricense ha empezado a polarizarse en lo que pareciera una guerra con bandos enemigos, llevando este tema a la agenda electoral y posicionándolo incluso más que -por decir alguno- la reforma fiscal,  que es de urgencia en el país.

Entonces, la calidad del debate político se ve amenazado con la posibilidad de que candidaturas sin un plan de gestión verdadero puedan ganar adeptos partiendo de que posiciones favorables hacia el matrimonio igualitario”, como en algún momento el apoyo se iba por aquel que planeara expulsar a los nicaragüenses de Costa Rica.  Así, existirán aquellos que intenten ser amigos nuestros tratando de hacernos ver que tenemos el mismo enemigo, que sufrimos el mismo problema. Sin embargo, ese discurso es endeble y peligroso y denota atributos demagógicos y populistas (véase ‘‘El cáncer del populismo en América Latina’’ en: https://pensandodesdecentroamerica.wordpress.com/2016/11/16/el-cancer-del-populismo-en-america-latina/). Por ende, se debe de promover el diálogo, tender puentes, escuchar y replantear si el enemigo es verdaderamente enemigo o si es una cara que le han puesto otros.

Referencias bibliográficas

Camhaji, E. (9 de noviembre de 2016). Los diez insultos de Donald Trump a México.El País. Recuperado de: https://elpais.com/internacional/2016/11/08/mexico/1478629803_395711.html

Fondo de Naciones Unidas para el Desarrollo. (17 de dicembre de 2015). El 45% de costarricenses se ha sentido discriminado alguna vez en su vida. Recuperado de: http://www.cr.undp.org/content/costarica/es/home/presscenter/articles/2015/12/17/el-45-de-costarricenses-se-ha-sentido-discriminado-alguna-vez-en-su-vida.html

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