Análisis basado en Género+

Ser hombre y hablar de género es un reto que me permito abordar desde la experiencia de la sociedad civil; hablar de género no debería de ser algo exclusivo para una mujer, en mí, la empatía generada de la observación, la vivencia y el dialogo me empodera, no pretendo saber la vivencia en carne propia, no puedo, sin embargo puedo hacer un análisis objetivo de factores, sus causas y consecuencias.

Rafael Semeraro Kluge
Asistente Técnico y Comunicación FUNPADEM
Codirector de Proyecto Violeta

Dentro del contexto centroamericano, la dinámica de la interacción entre hombres y mujeres,  en todos los niveles de la sociedad, en algunos más que otros, es particularmente problemática, aspectos tales como el machismo, que genera masculinidades tóxicas, hace que las mujeres, históricamente, fueran replegadas a las labores del  hogar y la maternidad. Este machismo genera ciclos de violencia intrafamiliar que luego se replican de padres a hijos.

Las escasas oportunidades de superación personal, educativa y laboral con las que cuentan las mujeres, genera una dependencia económica hacia el hombre, aunado al hecho de que el salario remunerativo de las actividades laborales es generalmente más bajo para ellas en comparación que al de ellos.

Una fuerte presencia religiosa lo que acentúa la tasa de natalidad y, más grave aún, el embarazo adolescente; latinoamericana es la región del mundo donde la religión católica está más arraigada; histórica y religiosamente, el rol principal del matrimonio es aquel dedicado a la procreación, por lo que los métodos anticonceptivos no gozan de apoyo en muchas iglesias, instituciones alrededor de las cuales gira la vida en muchas comunidades, especialmente las rurales.

A nivel de acceso a puestos públicos, políticos y/o de injerencia social, se han caracterizado por ser puestos generalmente ocupados por hombres, la paridad de género es un término relativamente reciente en la región centroamericana, imperando entonces la dominación del machismo estructural en comunidades y sociedades,  de igual manera, las papeletas o formulas, son generalmente encabezadas por hombres y su patriarcado.

Visibilizando la problematica

Definitivamente, no es lo mismo ser mujer “blanca” que mujer afrodescendiente o indígena; pues estos grupos de minorías ya tienen las vulnerabilidades propias de su “étnica o raza”; ser mujer en zona urbana o rural también es muy distinto, el acceso a estudio o empleo tiende a ser menor en la zona rural, el machismo es más “radical” en lo rural, y la religión puede tener más injerencia; la suma de todas estas características da por resultado un caldo de cultivo que profundiza, aún más, la desigualdad entre hombres y mujeres.  Por ejemplo, los niveles de indigencia femenina en las ciudades son mayores en la población indígena, la cual se ve obligada a generar una migración interna (o externa) producto de violencia doméstica, situación muy propia en los territorio indígenas producto de los altos índices de alcoholismo del que sufre la población masculina, entre otros; ellas huyen de sus casas con sus hijos, puesto que, difícilmente tenga conocimiento, o acceso a métodos anticonceptivos; finalmente se ven obligadas a trasladarse a ciudades o lugares más poblados para pedir comida o dinero en las calles; inclusive, puede que no tenga conocimiento del idioma español (analfabetismo), puede ser incluso, que no se encuentre registrada lo que le imposibilita el acceso a servicios básicos (salud y educación).

Continuando con este panorama de posibilidades, surge también el escenario de la población lgbti+ y la diversidad u orientación sexual. No es lo mismo la discriminación que una mujer cisgénero sufre, a la que una mujer lesbiana, y menos aún, la que experimenta una mujer trans (trangénero o transexual), esta última realidad más propensa a sufrir los azotes generados por la heternormatividad, el machismo estructural y la religión, que en su conjunto hacen que pertenecer al colectivo lgbti+ sea particularmente difícil en Centroamérica.

Otro escenario, es el que vive la persona migrante, máxime si se encuentra en condición irregular; los casos de matrimonios arreglados para optar por una residencia son comunes. Las cifras centroamericanas en cuanto a trata y tráfico son alarmantes, y no es casualidad que porcentualmente las mujeres sean las más afectadas por estas actividades. Una situación común en las migraciones es cuando la persona no conoce el idioma, a nivel centroamericano esto no es tan común, por la estandarización del español, sin embargo, es una posibilidad que se puede dar, especialmente, con población indígena.

¿Qué sucede en el hipotético caso de una mujer con más de una de estas vulnerabilidades?

La violencia

A nivel centroamericano las oleadas de violencia de género se han incrementado, según Naciones Unidas, 14 de cada 100.000 mujeres son asesinadas por razones de género en El Salvador, le sigue Honduras, donde 11 de cada 100.000 mujeres mueren y los femicidios aumentaron un 263% de 2005 a 2013; además, Honduras ocupó en 2015 el primer lugar en femicidios a escala mundial; en Nicaragua, 20 mujeres murieron en el primer trimestre de 2016. (Naciones Unidas, 2016).

La invisibilización que los medios de comunicación le dan a los femicidios y feminicidios resulta indignante, la falta de políticas públicas para atacar esta situación es unas de las principales falencias de los gobiernos, lo anterior en buena parte por marcos regulatorios débiles y estadísticas escasas, por ejemplo, no existen datos oficiales sobre mujeres trans en Costa Rica, solo se cuenta con las estimaciones que la ONG Transvida contabiliza, que rondan las 1000, la mayoría mujeres trans en condición de vulnerabilidad y muchas de ellas trabajando en el comercio sexual.

Existe un temor generalizado a denunciar, la violencia domestica puede llevar a la muerte, solo en Costa Rica, y según datos del Observatorio de Género del Poder Judicial, se presentan por día 132 solicitudes de medidas de protección, un promedio de 2 feminicidios mensuales, con una preocupante oleada en los últimos meses, según el medio costarricense CrHoy, para marzo del 2018 ya se habían contabilizado 12 femicidios.

A nivel de apreciación, el género es una composición binaria, que se debe abordar desde ambos enfoques, femenino y masculino, punto y aparte de la sistematización estructural de la violencia que ha tenido el hombre sobre la mujer. La lucha feminista es hoy igual de valida que ayer, la emancipación del machismo sobre la construcción social masculina es imperantemente necesaria.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Programa Estado de la Nación 2017. Informe Estado de la Nacion, Capitulo 2 Equidad e integración social, Páginas 77 y 94. Recuperado de: http://estadonacion.or.cr/2017/descargas.html

Observatorio de Genero del Poder Judicial. (s.f) Poder Judicial.  Recuperado de  https://observatoriodegenero.poder-judicial.go.cr/..

Cabezas, Y. (26 de abril de 2018). ¡Una mujer víctima más! Hombre mató a su expareja, una joven de 20 años. CrHoy. Recuperado de: https://www.crhoy.com/nacionales/una-mujer-victima-mas-hombre-habria-matado-a-su-expareja-de-20-anos/

  1. (26 de abril de 2018). Violencia hacia la mujer en Centroamérica. Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas. Recuperado de: https://www.ieepp.org/boletines/mirador-de-seguridad/2017/Marzo/34-violencia-hacia-la-mujer-en-centroamerica/

 

 

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